(Siguiendo con la celebración del Día de la Toalla, que coincide con el Día del Orgullo Friki, por conmemorarse este 25 de mayo también el estreno de Star Wars en 1977, les dejo un artículo escrito para la revista Cápsula en 2002)
No voy a hablarles de un hombre común, haré la historia de un ser de otro mundo de un animal de galaxias.
Silvio Rodríguez (Canción del Elegido)
El 12 de junio de 1962, George Lucas, un joven de 18 años lleno de sueños y próximo a graduarse, manejaba su automóvil por una perdida carretera de las inmediaciones de Modesto, California. De improviso un segundo coche pasó junto suyo, pero, tan cerca que el joven perdió el control de su vehículo y fue a estrellarse contra un árbol a 100 km/hora. La suerte quiso que Lucas saliera expelido a través del parabrisas mientras el auto se destruía por completo. Sin embargo, las gravedad de las heridas le obligaron a permanecer convaleciente por un buen tiempo.
Para acompañar los interminables días de reposo, Lucas empezó a leer un libro que se llamaba “El Héroe de las Mil Caras”. Se trataba de un estudio realizado en 1949 por un licenciado en literatura medieval, Joseph Campbell, y que a lo largo de varios centenares de páginas intentaba mostrar que los mitos y las novelas, los relatos y las leyendas, e incluso los sueños de hombres y mujeres de todas partes del mundo y de todas las épocas tenían un denominador común: siempre trataban un mismo tema, “el camino del héroe”.
La teoría de Campbell era una aplicación del modelo psicológico junguiano y presentaba, con un caudal de ejemplos e información muy sólido, las características principales de todas aquellas historias heroicas. Un héroe, todo héroe: a.) nace en un mundo cotidiano armónico, b.) luego se ve obligado a salir de este mundo e iniciarse (la aventura), y c.) para por fin regresar más sabio al mundo de origen (que en el intertanto ha estado en peligro) y hacerlo mejor.
El estudio daba cuenta, además, de los personajes que un héroe, todo héroe, iba encontrando en su camino: un guía, un antagonista o sombra, etc. Pero, quizá lo más notable que Campbell revelaba es que en el centro de los mitos heroicos siempre se encontraba el descubrimiento que el héroe hacía de que la sombra, el antagonista, estaba relacionado consigo mismo. Más aún, que la sombra no era otra cosa que la proyección de sus conflictos con su padre. Sólo luego de reconciliarse con su padre el héroe se convertía definitivamente en héroe.
Nunca podrá valorarse suficientemente cuanto influyó en las ideas del joven Lucas la lectura de ese libro, que permaneció inalterablemente sobre su velador durante aquellos largos días. Pero, es claro que fue entonces cuando tuvo la idea de hacer una reactualización del mito, tal como lo había aprendido de Campbell, y en clave de ciencia ficción.
Años más tarde, y tras el rotundo éxito de American Graffiti (cinta que trataba de jóvenes llenos de sueños, graduaciones, y accidentes automovilísticos… en 1962), la 20th Century Fox le permitió filmar por fin el proyecto Star Wars. Lucas sabía a quién debía la mayor parte de su inspiración, así es que invitó a Campbell a una función privada de la obra. La leyenda cuenta que el estudioso quedó profundamente impresionado: Lucas había encontrado la milésima primera cara del héroe de las mil caras, Luke Skywalker.
A partir de este 4 de julio, sentados en las butacas del cine escucharemos la fanfarria de John Williams mientras atraviese sobre la pantalla el texto que reza: “A long time ago, in a galaxy far, far, away…”. Se habrán cumplido ya 40 años desde ese lejano 1962. Cuarenta años de una historia que, como tantas otras historias, ha comenzado de manera simple: con un joven lleno de sueños, un “accidente”, un libro sobre el velador.
6 comments
guillermo says:
May 25, 2010
Ya intuía yo que “eso” había nacido de leer a Campbell. Confirmarlo me confirma, a la vez, otras cosas. El mundo es ordenado: nunca toleré a Campbell, nunca toleré Star Wars. Desconozco el hilo que subyace a esta secuencia de inafinidades electivas.
guillermo says:
May 25, 2010
… ¿Habrá relación entre el gusto por SW y el gusto por Lost? Me parece que Campbell, SW y Lost tocan fibras semejantes de oscurantismo.
Remis Ramos says:
May 25, 2010
Netflix ha estado ofreciendo un premio a quien pueda resolver ese problema de manera algorítmica (una especie de test de turing a la similaridad de gustos): http://en.wikipedia.org/wiki/Netflix_Prize – http://www.netflixprize.com/
Juan Pablo Zúñiga V says:
May 26, 2010
Se supone que el prototipo Cambell mantiene una vigencia universal. Sin embargo, las licencias que se toman los directores y escritores contemporáneos, opuestas al modelo tradicional del héroe, resultan atrayentes incluso paras las culturas más nerd y geek. Ejemplos en Spawn y Watchmen. Sé que ambos encuentran lugares comunes, que juegan entre la sombra y la reivindicación. Pero ahí está el juego por opocisón, o no… Resulta que “guerra galáctica”, a mi parecer comienza a fundar estos nuevos prototipos de heroísmo (también lo sé: la 1001 cara del héroe), pero no estoy seguro si ésta se mantiene dentro del prototipo canónico. Además, creo que la estructura de la obra en cuestión registra más los recursos orientales del héroe (oposición de fuerzas naturales, destino, ¡colores!, tipo de batalla, etcétera.). Al releer, sorprendentemente, creo que le di más fuerza a la idea que niego. La fuerza no está conmigo.
Pato Mena says:
May 26, 2010
A mí me encanta Star Wars, aunque es evidente que sometida a ojo crítico puede claudicar en varios aspectos. Pero mi gusto viene de la infancia, de ese arraigo o melancolía que al igual que el mito del héroe, opera de una sola forma pero manifestándose de muchas maneras (canciones, películas, lugares, etc.). Sería interesante ver cómo rescata y defiende la obra un fan asérrimo que no posea el factor “melancolía”, si es que lo hay.
guillermo says:
May 26, 2010
Creo que la línea divisoria entre quienes adoran SW y quenes no gustamos de esa saga oscura podría estar en el papel que se le asigna al pensamiento mágico. Anoche conversamos del tema con Martínez y la cosa era bastante regular, mi rechazo a SW se asociaba a otros rechazos y el común denominador era el pensamiento mágico. De algún modo estos e asociaba, además, a la dicotomía entre lo maravilloso y lo fantástico en el viejo trabajo de Todorov.